Friday, 9 February 2007

Lost in underneaths and surprises

Ahora chispea.

Ahora llueve.

Ahora diluvia.

Ahora sol, arco iris y pajaritos felices que no hacen exámenes.

Ahora chispea de nuevo.

Ahora llueve de nuevo.

Ahora diluvia de nuevo.

Y ahora... ¿Pajaritos felices?


Argh. No puedo dormir (son las 6 de la mañana), he visto Los Chicos del Coro y Lost in Translation, y ya no sé qué más puedo hacer hasta que lleguen las 9 y pueda ir a hacer cosas por ahí. Curiosa peli, Lost in Translation... Esta es la seguna vez que la veo y me ha gustado muchísimo más, tiene un montón de detalles y sutilezas que la primera vez se me escaparon. La relación entre Bob y Charlotte me parece preciosa. Además, en imdb dicen que el beso final entre ellos no estaba en el guión, que fue totalmente improvisado. Y la banda sonora tiene una joya: Sometimes de My Bloody Valentine. Nada más escucharla me he quedado con la letra para buscar el título luego.

Casi siempre que escribo aquí es porque tengo insomnio... Debería llamarse el Sueño, como el reino de Neil Gaiman.

Ya no hay exámenes, sólo una sensación constante de haberme equivocado de carrera. Pero bueno, ¡qué se le va a hacer! A ver si escribo más a menudo aquí esta semana de relax que voy a tener. El sábado por la noche a casa de nuevo, que llevo ya 3 semanas sin pisar mi casa.

And... I'm fed up, there will be no more surprises on the underneath. Ailbhe, I give up on you. No more stupid chats, no more meaningless arguments. No more platonic loves, only the real, important one.

En fin, nos veremos pronto, anónimo lector.

Saturday, 3 February 2007

"Muireann - A Day in the Life", Chapter 1

Muireann no era una chica normal. En el autobús siempre se sentaba mirando hacia atrás, al revés del mundo. Estudiaba fuera, y pasaba casi más tiempo en el autobús que en clase. De esta manera, veía seres de lo más variopintos sentados cerca de ella, seres que imaginaba, personajes en proceso de perfilado. Y es que Muireann vivía más en la fantasía que en la vida real. De pequeña siempre fue la “rarita” de su clase, así que pasó mucho tiempo devorando libros de la colección Barco de Vapor y memorizando poemas de un poeta español muerto en el 36. Luego, con el paso de los años, su afición por los libros dio paso a un ansia enfermiza de ver películas y reconocer actores (Muireann era zurda, por lo que el hemisferio derecho de su cerebro, al ser dominante, le permitía reconocer caras con mucha facilidad). También le gustaban los cómics independientes europeos y americanos, y la música le apasionaba tanto que componía (cosa que muy probablemente también tenía que ver con dicho hemisferio dominante) pequeñas piezas que nadie más que ella escuchaba.

Nunca se consideró lista, aunque los tests decían lo contrario, y tampoco se consideró guapa en absoluto. Idolatraba a su padre Padraig, aunque no compartían muchas aficiones, y le encantaba personificar a hámsters rusos enanos Roborowski. Era muy enamoradiza (pero sus gustos eran poco convencionales), adoraba los días nublados, y prefería poner los nombres de la gente en gaélico para disfrazar la realidad. Además, no podía subir dos tramos de escaleras sin ahogarse debido a su asma, y disfrutaba más que nunca con una taza de té English Breakfast calentito entre las manos.

Pero volvamos al tema de la fantasía. Solía inventarse la personalidad de personas que no conocía, como la del chico misterioso que veía en la estación de autobuses todos los lunes por la mañana o el “alga” bajista que le quitó el sueño durante meses, pero siempre fallaba cuando conocía de verdad a la persona en cuestión porque ponía demasiado de ella en las supuestas personalidades.

Le gustaba pensar que vivía  dentro de trozos de películas cuando algo le recordaba a ellas. Como aquel día que su padre la despertó sonriendo y diciendo “¡Buenos días, princesa!” imitando a un Roberto Benigni enamorado en La Vida es Bella, como aquel día que le preguntó enfadada a Donal “¿Por qué lo hiciste?” y él le contestó “Porque tú me lo pediste”, coincidiendo con un arrepentido Edward en Eduardo Manostijeras, o como aquel día que siempre recordará en que estaba en el comedor de su residencia intentando abrir con las manos un cartón de leche, a punto de desistir con cara de mala uva, y Ailbhe le pasó un cuchillo (de los de mango de plástico, los que cortan) sin mediar palabra, de la misma manera que Colonel Christopher Brandon/Alan Rickman le daba una navaja a Mariann Dashwood/Kate Winslet cuando intentaba partir un junco en Sentido y Sensibilidad. Ese momento le marcó por dentro, le hizo sentir como un personaje salido de la mente victoriana de Jane Austen, pero nunca lo comentó con nadie, y Ailbhe no fue consciente de lo que hizo con un simple gesto sin significado aparente.

Un día cualquiera, Muireann se levantó como cualquier otra mañana, y se alegró al comprobar que el tiempo era de su agrado: día gris con llovizna intermitente y viento del que te pone el pelo en la cara estés del lado que estés. Esto le recordaba a sus días en las islas Británicas, así que se vistió rápidamente, cogió su paraguas escocés y salió a la calle sin desayunar, aunque nunca lo hacía. Caminó sin rumbo durante  horas, escuchando todo el rato a Thom Yorke susurrándole letras imposibles al oído (I will lay me down in a bunker underground… meet the real world coming out of your shell). De vez en cuando se paraba a mirar algún kiosco o tienda que le llamaba la atención, pero su destino final iba a ser, como siempre, la estación de trenes. Se sentó en los bancos junto a personas con maleta, como si estuviera esperando su tren para irse a Montpellier, o incluso al mar Crisium. Veía cómo los vagones escupían cientos de personas que tomaban un camino independiente, personas que habían pasado juntas 5 horas de su vida y que nunca más volverían a coincidir. También vio cómo un hombre se reencontraba con su mujer y su hija pequeña, y la niña le abrazó para no volverle a dejar marchar nunca más.

¿Querría alguien alguna vez a la protagonista del relato tanto como la niña a su padre?

¿Tendría alguien que la adorara, que la tuviera de referente como ella misma tenía a Padraig, su padre?


¿Llegaría alguien a conocerla de verdad?
A lo mejor, algún día…

¡Exámenes! ¡Exámenes! ¡La cafeína sustituye mi sangre! ¡Ojeras y espirales en blanco y negro que giran sin cesar!

El 9 fiesta gorda, el 16 capital/Mando Diao/M. C. Escher... Ojalá el tiempo pase pronto, estoy deseando volver a casa.

Un saludo, si algún lector errante ha soportado la primera parte de esto.

(Duck you!)