Monday, 25 December 2006

Fantásticas aventuras en el autobús

El martes pasado (19 de diciembre) iba yo tan tranquila en el autobús sola volviendo a la residencia. Tras una agotadora doble sesión de Química Orgánica, estaba hecha polvo y con el mp3 en modo aleatorio, hasta que eché un vistazo a la gente que iba conmigo y lo vi.

Iba sentado mirando hacia atrás, así que lo veía perfectamente desde mi sitio: Era un hombrecillo de piel blanca como la nieve, pelo negro con patillazas finitas y mono azul de albañil. Nada, sería bastante normal ver a alguien así en cualquier autobús, pero lo curioso es que este personaje no era un hombre normal, si no un elfo verdadero. Tenía las mejillas coloradas, la nariz puntiaguda, los labios finos y los ojos verdes saltones. Se parecía bastante al actor Billy Boyd cuando hizo de Pippin en el Señor de los Anillos (véase foto más abajo), sólo que Pippin era un hobbit, claro. Ains, ¡¡pero es que era un elfo de verdad!! Sonaba Knives Out de Radio… ¿head? y todo parecía más fluido y feliz. El tiempo iba más despacio, todo se movía a cámara lenta. Ojalá hubiera tenido una cámara para hacerle una foto disimuladamente, pero seguro que no habría salido porque sólo lo veía yo y el resto de gente del autobús veía un asiento vacío…

Se bajó dos paradas antes que yo, en el Mercado Central, y no le volveré a ver nunca. Pero, sin saberlo, aquel personaje de Faerie me alegró el día entero y nunca le olvidaré.

Los que no estén acostumbrados a leerme a menudo pensarán “¿Pero qué se fuma ésta para escribir estas paranoias o creerse lo que escribe?”. ¡Baaahh! La fantasía gobierna el mundo, no seríamos nadie sin nuestros sueños, ambiciones e ilusiones. Y qué mejor para pasar el rato que soñar despierta.


Otra vez navidad, y otra vez en casa. El sábado salí por primera vez en mucho tiempo por aquí en mi ciudad natal, y me encantó encontrarme con gente conocida en cada calle y cada esquina. Además, llovía, y eso siempre da un toque mágico a las cosas.